13. Visarga: El impulso creador de la Consciencia

En la tradición del tantra shivaíta no dual, el surgimiento del universo no es entendido como un evento mecánico ni como la obra de un dios separado, sino como el despliegue libre, gozoso y creativo de la Consciencia absoluta (Cit), también llamada Śiva. Este despliegue, que da lugar a la multiplicidad de formas, tiempo, espacio y experiencia, tiene su origen en un acto sutil y primordial: el Visarga, la «eyaculación cósmica» o impulso emanador mediante el cual la Consciencia se proyecta a sí misma como universo.

La unión de Śiva y Śakti

Para comprender visarga, es esencial entender que en esta visión no dualista, la Realidad Suprema posee dos aspectos inseparables:

  • Śiva: el principio masculino, estático, silencioso, testigo, puro ser y consciencia (cit).
  • Śakti: el principio femenino, dinámico, vibrante, la energía de manifestación (spanda), el poder inherente de Śiva de manifestar, conocer y amar.

Śiva sin Śakti es como un fuego que no quema; Śakti sin Śiva es como energía sin dirección. Por tanto, la creación sucede cuando Śiva fecunda a Śakti con su intención, su deseo (icchā śakti), en un acto que no es de necesidad sino de pura libertad (svātantrya), gozo (ānanda) y juego divino (līlā).

Visarga como acto de fecundación

Etimológicamente, visarga significa “expulsión”, “emanación”, “proyección”. En gramática sánscrita, también se refiere a un signo diacrítico que representa una exhalación, una especie de suspiro sonoro. Esta polisemia resuena con profundidad en el simbolismo tántrico: visarga es el suspiro primero del universo, la exhalación divina con la que Śiva fecunda a Śakti.

Este impulso no es grosero ni físico, sino un acto vibracional y consciente, descrito muchas veces como una semilla (bīja) de luz o sonido o punto singular (bindu). Esta bīja es la intención creadora original, el germen de toda forma, que se proyecta hacia el seno de Śakti, que es al mismo tiempo la matriz cósmica, la vibración primordial (spanda) y el vacío potencial (śūnya).

El vacío fértil: Śakti como matriz

Contrario a la concepción de vacío como nada, el śūnya en el tantra no dual es la plenitud silenciosa, la matriz vibrante donde todo puede nacer. Es el aspecto más sutil e indiferenciado de Śakti: su aspecto premanifestado. Así, Śiva no fecunda algo externo, sino fecunda su propia potencia, que en ese momento permanece en forma latente.

Este acto de fecundación es también una auto-expansión. Śiva se refleja en Śakti, proyectando un reflejo de sí mismo, un universo que no es otro que Él mismo. Aquí entra el concepto de ābhāsa: el mundo como reflejo de la Consciencia. Pero este reflejo no es ilusión; es una realidad dependiente, ontológicamente no separada de la fuente, como la imagen en un espejo no es distinta del espejo.

Sonido, luz y la palabra primordial

En la tradición tántrica se entiende que la creación es sónica y lumínica en su origen. Śiva emite su intención creadora no solo como energía, sino como sonido primordial. Este sonido no es audible en términos ordinarios, sino la vibración sutil que da lugar a todos los sonidos y formas. De este impulso primero emergen los sonidos semilla, o bīja mantras, como A, Haṁ, Śrīṁ, que son codificaciones sutiles de potencias divinas. También se dice que el universo comienza con el sonido AUM (ॐ), la sílaba que contiene todas las vibraciones y marca el inicio de la creación.

En este sentido, el visarga es también la emisión de la Palabra (vāk), que luego se irá densificando en distintos niveles, desde parā vāk (la palabra suprema, aún no manifestada) hasta vaikharī vāk (la palabra audible). Cada nivel de vāk representa un nivel de la manifestación, desde lo más sutil hasta lo más denso.

El universo como extensión de un gozo

La clave tántrica es que todo este proceso no responde a un vacío o carencia, sino a la plenitud misma de la Consciencia (pūrṇatva). Śiva se despliega en infinitas formas no para completarse, sino para saborearse a través de sí mismo, en un movimiento continuo de autoobservación, autoconocimiento y autoamor. La creación es, entonces, una celebración de sí mismo, una danza (tāṇḍava), una vibración (spanda), un juego (līlā), una eyaculación divina (visarga) que jamás lo aleja de su plenitud (pūrṇatva).

El misterio de la no-separación en la contracción.

A pesar de este acto de proyección y expansión, Śiva nunca se separa de sí mismo. La manifestación no implica división real. Como la llama que enciende otras sin perder su luz, o como el océano que forma olas sin dejar de ser océano, el Absoluto permanece intacto en su unidad, incluso cuando se expresa en formas infinitas mediante la contracción (saṃkoca).

Por eso, incluso cuando el universo entero aparece como algo “otro”, no hay en realidad un “otro”. Todo es Śiva contemplándose en el espejo de Śakti. El visarga no es el inicio de una separación, sino el inicio de una infinita relación amorosa consigo mismo, en la que el uno se vuelve muchos sin dejar de ser uno.

14. Prakāśa: la Luz de la Consciencia