En la visión del Tantra Śivaita No Dual Clásico, Śiva —entendido no como una deidad antropomórfica, sino como Cit, la Consciencia Pura, infinita y auto-luminosa— es esencialmente libre. Esta libertad suprema se expresa mediante el término Svātantrya, que significa literalmente «autosoberanía» o «libertad absoluta».
Śiva, como la realidad última, no está condicionado por nada fuera de sí mismo. No hay leyes, reglas, causas o entidades que puedan limitar su ser o su expresión. Śiva es totalmente autónomo, indivisible y eterno. Su libertad no es como la que concebimos habitualmente desde una perspectiva humana, limitada por tiempo, espacio, pensamiento o moralidad. Es una voluntad expansiva, no dual, no mental, espontánea: una pulsación libre de la consciencia misma.
Desde esta libertad ilimitada, Śiva escoge manifestarse en una multiplicidad infinita de formas, posibilidades y experiencias, desplegando el universo a través de su poder dinámico: Śakti. La creación no es una obligación ni un error, sino un juego divino, un acto de libertad absoluta, una expresión creativa y amorosa de sí mismo. Śiva se contrae para convertirse en el universo, se olvida de sí mismo para después recordarse, se fragmenta en miríadas de formas solo para reconocerse en cada una de ellas. Gozo (ānanda), dolor (duḥkha), expansión, contracción, nacimiento, muerte, paz, guerra, odio, amor… todo es parte de ese despliegue sagrado.
La clave aquí es comprender que nada de lo que ocurre está fuera de lugar o es un «error» en sentido absoluto. Todo —incluso aquello que juzgamos como caos, dolor, violencia o ignorancia— es parte del movimiento libre de la consciencia. Así como las olas son expresiones inseparables del océano, cada forma, pensamiento o emoción es una ola en la inmensidad de Cit.
Es importante no confundir Svātantrya con el concepto occidental de libre albedrío individual. La libertad de Śiva no es comparable a la toma de decisiones deliberadas de un ego o una mente. No es una elección mental, racional o moral, sino un flujo espontáneo de existencia, que se despliega sin esfuerzo desde su propia naturaleza en todas las posibles expresiones existentes.
Desde esta perspectiva, el ser humano, en tanto que encarnación concreta de la consciencia divina, no posee libertad absoluta como individuo (jīva). Lo que comúnmente consideramos “libre albedrío” es, en realidad, una ilusión nacida del velo del karma (karma-mala), que nos hace sentir como entidades separadas con control sobre nuestras acciones. Sentimos que elegimos, cuando en realidad somos expresiones de una fuerza más vasta que nos atraviesa y nos constituye.
La neurociencia contemporánea incluso empieza a apuntar en esa dirección: nuestras decisiones son el resultado de procesos inconscientes previos, que sólo más tarde justificamos racionalmente. Desde la visión tántrica, esta aparente capacidad de elegir es más bien un aspecto de Vimarśa, la auto-reflexión de la consciencia. No decidimos como ego-separado, sino que participamos del flujo de Śiva-Śakti que se expresa a través de nosotros.
Volviendo a la metáfora de la ola y el océano: la ola no decide su forma, ni su dirección, ni su intensidad. Todas estas cosas le ocurren como resultado del movimiento del océano al que pertenece. Y, sin embargo, la ola no es menos real ni menos hermosa por ello. La ola no es una parte separada, sino una expresión momentánea del todo. Lo mismo ocurre con el ser humano: como individuo, no tiene autonomía absoluta; pero en su verdadera naturaleza —como el océano mismo, como Śiva— es Svatantra, absolutamente libre.
Por lo tanto, Svātantrya no pertenece a la persona, sino a la esencia que subyace en todo. Cuando uno reconoce esa naturaleza esencial (pratyabhijñā), se disuelven los velos de separación y con ellos la ilusión de control individual. Lo que surge es ānanda, el gozo sereno de saberse parte inseparable y en paz con el flujo divino.
Desde esta libertad absoluta, Śiva despliega su poder de manifestación a través de cinco grandes energías o Śaktis: Consciencia (cit-śakti), Gozo (ānanda-śakti), intención (icchā-śakti), sabiduría (jñāna-śakti) y acción (kriyā-śakti) y a través de cinco movimientos cósmicos que analizaremos más adelante: creación (sṛṣṭi), mantenimiento (sthiti), disolución (saṃhāra), ocultamiento (tirodhāna) y revelación (anugraha).
Este despliegue desde el macrocosmos hacia lo microcósmico no es un proceso lineal, sino un movimiento simultáneo de contracción y expansión (spanda), que tiene lugar en cada instante. Así, el universo entero —y cada experiencia dentro de él— es la libre expresión de la consciencia danzando consigo misma.