El tiempo es vivido por los seres humanos como un fenómeno lineal que “avanza” desde un pasado ya vivido hacia un futuro que todavía no ha llegado, atravesando un presente que parece escurrirse constantemente. Esta percepción ordinaria se refleja en la noción de Trikāla, los “tres tiempos”: atīta (pasado), vartamāna (presente) y anāgata (futuro).
Desde la perspectiva del Tantra Śivaita No Dual, esta división tripartita del tiempo no es una realidad objetiva, sino una construcción mental sostenida por el velo de Māyā, la energía de diferenciación. En realidad, no existen tres tiempos separados, sino un único Eterno Presente (nitya vartamāna), que la mente, condicionada por el espacio, la memoria y el lenguaje, fragmenta en una secuencia aparente.
En esta visión, todo lo que existe es Śiva, la Consciencia (Cit) que, al ser ilimitada, no está sometida a la linealidad temporal. Desde su estado absoluto, Śiva no nace ni muere, no va de un punto A a un punto B: simplemente Es. Su naturaleza es intemporal (kālika), y toda manifestación —incluido el tiempo— surge como un juego de su libertad absoluta (Svātantrya).
El tiempo como ilusión funcional
La linealidad del tiempo, tal como la experimentamos, no es un error ni una ilusión sin sentido: es parte del acto creativo de Śiva, que se contrae deliberadamente en limitación para poder reconocerse en forma de multiplicidad. Esta contracción se produce a través del poder de Śakti, que despliega los Tattvas, los niveles de manifestación, hasta llegar a la mente individual (manas), el ego (ahaṃkāra) y el intelecto (buddhi), donde aparece la percepción del tiempo como secuencia.
Desde esta comprensión, el pasado y el futuro no son realidades independientes, sino construcciones mentales basadas en la memoria y la proyección. Solo el instante presente es real, y en él está contenida la totalidad. Este instante eterno no es un “punto” en el tiempo, sino una plenitud ontológica, un campo abierto donde convergen todas las posibilidades.
Una forma tradicional de ilustrar esta visión es la comparación con un libro: en él, toda la historia está ya escrita; pero al leerlo, pasamos de página en página, creando la ilusión de secuencia. El lector puede detenerse, volver atrás, o saltar al final, pero la historia siempre ha estado completa. Del mismo modo, todo lo que ha sido, es y será, existe ya como una totalidad simultánea en el campo de la consciencia.
Tiempo y física contemporánea
Curiosamente, esta comprensión no es ajena a ciertas ramas de la física moderna. En la teoría de la relatividad de Einstein, el tiempo no es una constante absoluta ni un flujo uniforme. En cambio, se entiende como una dimensión más del espacio-tiempo, que puede dilatarse o contraerse dependiendo de la velocidad y la gravedad. Desde este marco, el pasado, el presente y el futuro coexisten: no “transcurre” el tiempo, sino que los eventos están distribuidos en un bloque cuatridimensional, al que algunos físicos llaman el universo bloque.
En esta visión, no hay un “ahora” universal que se desplace a través del tiempo. El ahora es relativo al observador. El flujo del tiempo es, en muchos sentidos, una ilusión cognitiva, un fenómeno emergente vinculado a la conciencia y la entropía.
Además, en el terreno de la física cuántica, especialmente en interpretaciones como la del “estado cuántico global”, se considera que todos los estados posibles coexisten en una superposición, y lo que llamamos “pasado” y “futuro” emergen del colapso de la función de onda cuando se produce una observación. Esto conecta con la visión tántrica de que la consciencia del observador (draṣṭṛ) está íntimamente ligada a la manifestación del mundo.
Así, tanto en la ciencia como en la tradición tántrica, se pone en duda la idea de que el tiempo sea una secuencia objetiva e independiente, y se apunta hacia una realidad simultánea y atemporal, donde el presente es el único “lugar” real de existencia.
Trikāla y reconocimiento
Volviendo a la visión tántrica, el tiempo, aunque ilusorio en su fragmentación, cumple una función crucial en el proceso de reconocimiento (pratyabhijñā). La experiencia del devenir —nacer, crecer, cambiar, morir— permite a la consciencia olvidarse de sí misma para luego reconocerse en cada forma y momento. Este viaje desde la no-dualidad al aparente dualismo y de vuelta a la unidad es la esencia del juego divino (līlā).
La percepción del tiempo lineal permite que la consciencia finita (jīva) experimente la vida como proceso, como historia, como aprendizaje. Pero cuando el jīva despierta a su verdadera naturaleza como Śiva, comprende que nunca estuvo separado, nunca fue una parte, y que el tiempo fue simplemente una vestidura de su propio juego creativo.
Desde esta comprensión, vivir en el presente no es simplemente una estrategia de mindfulness, sino una realización ontológica profunda: el reconocimiento de que todo está ya aquí, en este instante. El pasado está inscrito en la memoria; el futuro, en la intención; y ambos emergen del ahora absoluto. La plenitud no está en un devenir futuro, sino en el contacto total con este instante donde la consciencia y su poder creativo están plenamente disponibles.