Desde hace décadas, la palabra Tantra, fuera de la India, ha quedado asociada a un cierto tipo de sexualidad. En Occidente hablamos de «sexo tántrico», «sexualidad sagrada» o «hacer el amor tántricamente» como si existiera una forma concreta de practicar sexo que pudiera identificarse con el Tantra.

Sin embargo, cuando acudimos a las fuentes clásicas, la cuestión resulta bastante más compleja.

La tradición del Tantra shivaita no-dual no coloca la sexualidad en el centro de su enseñanza. El corpus tántrico es enorme y diverso, y comprende rituales, meditación, mantras, visualizaciones, prácticas contemplativas y diferentes vías de transformación espiritual. Solo algunas ramas y determinados textos abordan la sexualidad de manera explícita.

Entonces, ¿existe el sexo tántrico?

Sí, pero quizá tengamos que entender primero qué queremos decir con «tántrico». Desde el Tantra shivaita no-dual podemos hablar de una manera tántrica de vivir.

Vivir tántricamente, implica que podemos comer tántricamente, trabajar tántricamente, relacionarnos tántricamente, maternar o paternar tántricamente y, por supuesto, tener sexo tántricamente.

Esto no significa que exista una técnica tántrica específica para cada una de estas actividades. No hay una única manera tántrica de cocinar, de criar a un hijo o de mantener relaciones sexuales. Lo que existe es una determinada forma de relacionarnos con la experiencia.

Vivir tántricamente implica, entre otras cosas, estar plenamente presentes en aquello que estamos viviendo, permitir que la experiencia sea como es, no rechazar aquello que sea desagradable y no aferrarnos a aquello que nos resulta agradable. Implica reconocer nuestras experiencias —agradables o desagradables, elevadas o cotidianas— como expresiones de la Consciencia.

Desde esta perspectiva, la cuestión no es tanto qué hacemos, sino cómo habitamos aquello que hacemos.

Podemos comer mientras estamos completamente atrapados en nuestros pensamientos, intentando terminar cuanto antes, o podemos estar plenamente presentes en el sabor, el olor, la textura y las sensaciones que aparecen.

Y podemos tener relaciones sexuales persiguiendo determinadas sensaciones, intentando demostrar algo, buscando validación, tratando de conseguir un orgasmo o intentando controlar lo que ocurre. O podemos habitar plenamente la experiencia sexual tal como está sucediendo. Eso también puede ser Tantra.

Por tanto, cuando hablamos de «sexo tántrico», no deberíamos pensar necesariamente en una técnica sexual determinada. Podemos hablar de una manera tántrica de vivir la sexualidad.

Pero ¿el Tantra clásico habla realmente de sexo?

Sí. Y aquí es donde la historia resulta especialmente interesante.

Las fuentes recogidas por Óscar Figueroa en su antología Tantra y sexo muestran aproximaciones muy diferentes. No existe una única «sexualidad tántrica clásica», sino diferentes prácticas, motivaciones y concepciones que aparecen en distintos textos y momentos históricos.

Una de las aproximaciones más llamativas es la utilización ritual de aquello que la sociedad consideraba impuro. En determinados contextos, el sexo y la ingesta de fluidos corporales como la sangre menstrual o el esperma podían formar parte de rituales destinados a romper la oposición entre puro e impuro. El contacto con aquello que normalmente debía rechazarse podía convertirse precisamente en una forma de superar esa dualidad.

La lógica resulta profundamente tántrica: si la realidad es una, ¿puede existir algo que sea absolutamente impuro y esté fuera de lo sagrado?

Estas prácticas formaban parte de sistemas rituales complejos orientados a la transformación espiritual y, en determinados casos, a la obtención de poderes.

Por eso resulta problemático presentar estas prácticas como una especie de versión antigua del «sexo libre» contemporáneo.

Otra aproximación consiste en comprender el encuentro sexual dentro de un marco ritual y divino. El hombre puede identificarse con Shiva y la mujer con Shakti. De esta manera, el encuentro sexual deja de ser únicamente una relación entre dos individuos y se convierte en una representación ritual de la relación entre la Consciencia y su energía.

El ritual puede incorporar mantras, visualizaciones, mudras, yantras, ofrendas e identificaciones con las divinidades.

En determinadas fuentes encontramos también formas colectivas del rito sexual, en las que participan más de dos personas.

Todo esto puede resultar sorprendente para quien se haya acercado al Tantra exclusivamente a través de la imagen contemporánea de una pareja que practica sexo lentamente, sincroniza su respiración y prolonga el orgasmo.

Existe, sin embargo, otra aproximación especialmente interesante desde la perspectiva del Tantra shivaita no-dual clásico. En textos como el Vijñānabhairava Tantra encontramos un proceso de interiorización en el que la experiencia misma puede convertirse en soporte para el reconocimiento de la Consciencia.

Aquí el placer puede convertirse en objeto de contemplación. No porque necesitemos aumentar su intensidad, prolongarlo o conducirlo hacia algún lugar, sino porque podemos habitar plenamente aquello que ya está ocurriendo.

Sentir el placer, observar cómo aparece y cómo cambia, percibir el deseo de prolongarlo y el miedo a que termine. En este enfoque, el placer no es necesariamente el objetivo. Es una experiencia a través de la cual podemos reconocer algo más profundo.

El Vijñānabhairava presenta numerosas vías de este tipo: experiencias sensoriales, emociones, estados intensos y diferentes situaciones de la vida cotidiana pueden convertirse en puertas hacia el reconocimiento de la Consciencia. La sexualidad es una de ellas.

¿Y el sexo tántrico moderno? Aquí aparece una de las diferencias más importantes con el llamado neotantra contemporáneo.

El neotantra ha desarrollado numerosas prácticas relacionadas con el placer, la conexión emocional, la respiración, la prolongación del encuentro sexual, el orgasmo y la energía sexual. Algunas pueden presentar semejanzas con elementos de determinadas tradiciones tántricas, pero semejanza no significa identidad.

Por ejemplo, las técnicas de control de la eyaculación y de manipulación de la energía sexual que hoy suelen asociarse al «sexo tántrico» no pueden considerarse características del Tantra shivaita no-dual. Figueroa relaciona específicamente el desarrollo de técnicas de control forzado de la respiración y la eyaculación durante el coito con el haṭha yoga, incluyendo fuentes tántricas budistas, pero no con el Tantra Shivaita no-dual clásico.

La diferencia, por tanto, no está necesariamente en lo que hacemos, sino en desde dónde lo hacemos y para qué.

Buscar prolongar el placer no es necesariamente lo mismo que habitar plenamente el placer.

Intentar controlar la eyaculación no es lo mismo que observar el deseo sin aferrarse a él.

Intentar dirigir la energía sexual no es lo mismo que permitir que la experiencia se manifieste tal como es.

Buscar un orgasmo más intenso no es lo mismo que utilizar la experiencia del placer como vía contemplativa.

Entonces, ¿qué sería tener sexo tántricamente? No significa convertir el sexo en algo especial ni seguir una técnica determinada. Significa llevar a la sexualidad los mismos principios que podemos llevar a cualquier otra experiencia.

Presencia. Estar realmente aquí. Sentir el cuerpo en lugar de permanecer atrapados en nuestros pensamientos.

Aceptación. Permitir que la experiencia sea como es, sin exigir que sea más intensa, más placentera o más espiritual.

No apego. Disfrutar del placer sin necesitar que continúe.

No rechazo. Poder permanecer presentes también cuando aparecen emociones incómodas, inseguridades, miedo, vergüenza o vulnerabilidad.

Y, sobre todo, reconocimiento: comprender que todo lo que está ocurriendo —el deseo, el placer, la excitación, el contacto, las emociones y la propia percepción— aparece en la Consciencia y es una expresión de ella.

Desde esta perspectiva, tampoco necesitamos manipular la experiencia para convertirla en otra cosa. No necesitamos hacer que el encuentro dure horas, controlar el orgasmo, retener la eyaculación, mover deliberadamente la energía sexual ni alcanzar un estado especial.

Podemos simplemente estar plenamente presentes en lo que está ocurriendo.

Porque desde la perspectiva no-dual, el cuerpo no está separado de la Consciencia. El placer no está separado de la Consciencia. El deseo no está separado de la Consciencia. Y tampoco lo está el encuentro con el otro.

No necesitamos hacer nada para convertir la sexualidad en espiritualidad. Podemos simplemente reconocer la Consciencia que ya está presente en la experiencia.

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