Cuando sufrimos una pérdida importante buscamos, de forma natural, aliviar el dolor. Ya sea la muerte de un ser querido, una ruptura de pareja, la pérdida de la salud o el final de una etapa significativa, nuestra primera reacción suele ser intentar comprender qué ha ocurrido y encontrar alguna forma de recuperar la estabilidad.

Quienes recorren un camino espiritual no son una excepción. De hecho, a menudo disponen de un conjunto de enseñanzas que parecen ofrecer respuestas profundas sobre el sufrimiento, la muerte o la impermanencia. Sin embargo, existe un riesgo del que se habla poco: utilizar esas enseñanzas para evitar sentir plenamente el duelo y por tanto procesar plenamente el dolor.

Paradójicamente, aquello que puede conducirnos a una mayor libertad también puede convertirse en una forma muy sofisticada de escapar de nosotros mismos y de nuestra realidad.

Cuando la comprensión sustituye a la experiencia

Ante una pérdida solemos escuchar afirmaciones como: «Todo ocurre por una razón», «En realidad nadie muere», «Todo es perfecto tal como es» o «Si todavía sufres es porque sigues apegado».

Estas frases pueden expresar intuiciones profundas sobre la naturaleza de la realidad. El problema no reside necesariamente en ellas, sino en el momento y en el uso que hacemos de ellas. Cuando aparecen antes de haber permitido que el dolor encuentre un espacio para expresarse, pueden convertirse en una barrera para el propio proceso de duelo. Porqué también es verdad y sano que nuestro psico-cuerpo sienta el dolor de la pérdida. 

El bypass espiritual: cuando la espiritualidad se convierte en una defensa

En psicología se utiliza el término bypass espiritual para describir la tendencia a utilizar creencias, prácticas o experiencias espirituales como una forma de evitar el contacto con heridas emocionales que todavía necesitan ser vividas.

No siempre es algo consciente. A menudo nace del deseo sincero de dejar de sufrir. Intentamos mantenernos en paz cuando todavía necesitamos llorar; buscamos explicaciones trascendentes cuando el corazón solo necesita ser escuchado; nos convencemos de que deberíamos aceptar la pérdida cuando, en realidad, todavía estamos aprendiendo a convivir con ella y lo que necesitamos aceptar es el dolor de la ausencia.

Desde fuera puede parecer serenidad, pero por dentro el sufrimiento continúa presente. No desaparece porque hayamos encontrado una explicación más elevada; simplemente queda oculto bajo ella.

El duelo no es un problema que haya que resolverse

Vivimos en una cultura que entiende el dolor como un error que debe corregirse cuanto antes. Si una emoción resulta desagradable, buscamos técnicas para eliminarla, distraernos o cambiar nuestra forma de pensar y de sentir.

Sin embargo, el duelo no funciona como un problema matemático al que pueda encontrarse una solución definitiva.

Toda pérdida importante implica una reorganización profunda de nuestra vida. Cambian nuestros vínculos, nuestras rutinas, nuestra identidad e incluso la imagen que teníamos del futuro. Pretender que todo ese proceso desaparezca porque hemos comprendido una enseñanza espiritual es pedirle al ser humano algo que no corresponde a su naturaleza.

El dolor posee un ritmo propio, y tratar de acelerarlo suele alargarlo más que acortarlo.

Lo que propone el Tantra Shivaita No-Dual

Aquí es donde el Tantra Shivaita No-Dual ofrece una perspectiva especialmente valiosa. En lugar de utilizar la espiritualidad para alejarnos del dolor, nos invita a incluir plenamente esa experiencia dentro del campo de la consciencia.

Todo cuanto aparece en nuestra experiencia —pensamientos, emociones, sensaciones y percepciones— constituye una manifestación de Śakti, la energía dinámica mediante la que la consciencia se expresa. Esto significa que la tristeza, el miedo, la nostalgia o el vacío no son errores que deban eliminarse antes de avanzar espiritualmente. También forman parte de la realidad que buscamos reconocer.

Desde esta perspectiva, el objetivo no consiste en dejar de sentir, sino en dejar de rechazar aquello que estamos sintiendo.

No porque el sufrimiento sea deseable, sino porque la resistencia constante suele añadir una segunda capa de sufrimiento al dolor que ya existe.

El cuerpo también necesita hacer el duelo

Existe otra diferencia importante entre comprender una experiencia y haberla integrado.

Podemos aceptar intelectualmente que toda vida es impermanente y, sin embargo, seguir sintiendo un vacío en el corazón al recordar a quien hemos perdido. No hay ninguna contradicción en ello.

El cuerpo tiene su propio lenguaje y su propio tiempo. Las emociones no se transforman únicamente porque aparezca una nueva comprensión intelectual. También necesitan ser sentidas, expresadas y acogidas.

Por eso el Tantra concede tanta importancia al cuerpo y a la experiencia directa. La transformación no nace solo de pensar de otra manera, sino de permitir que toda nuestra experiencia sea reconocida dentro de la consciencia.

El duelo también puede formar parte del camino espiritual

Existe la idea de que una persona espiritualmente madura debería permanecer imperturbable ante cualquier circunstancia. Sin embargo, el Tantra Shivaita No-Dual no propone ese ideal.

Sentir tristeza por la muerte de alguien a quien amamos no significa que hayamos fracasado espiritualmente. La tristeza habla del amor que existió. El vacío habla del vínculo que se ha transformado. Incluso el dolor puede convertirse en una expresión de nuestra capacidad para amar profundamente.

El camino espiritual no consiste en eliminar nuestra humanidad, sino en descubrir que la consciencia es lo suficientemente amplia como para incluirla completamente.

Cuando dejamos de huir

Resulta paradójico, pero muchas emociones comienzan a transformarse precisamente cuando dejamos de intentar cambiarlas. La tristeza encuentra su movimiento, el vacío deja de ser únicamente ausencia y el cuerpo recupera poco a poco su capacidad natural para reorganizarse.

Esto no ocurre porque controlemos el proceso, sino porque dejamos de interrumpirlo.

Quizá ese sea uno de los mayores aprendizajes que puede ofrecernos el Tantra Shivaita No-Dual: comprender que el despertar no consiste en escapar de la experiencia humana, sino en reconocer que ninguna experiencia queda fuera de la consciencia, que ninguna experiencia es un error. 

El duelo no es un obstáculo para el camino espiritual. Puede convertirse, si dejamos de huir de él, en una de sus puertas más profundas.

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