
Dominación y sumisión son algunos de los elementos más reconocibles del universo BDSM. Para algunas personas forman parte de un juego erótico; para otras, constituyen una dimensión profunda de su relación con el deseo, el cuerpo y el poder. Desde fuera, es fácil reducir estas dinámicas a una estructura sencilla: alguien domina y alguien se somete, alguien tiene el control y alguien lo entrega.
Pero ¿qué ocurre si las contemplamos desde la perspectiva del Tantra No-Dual?
El Tantra nos invita a mirar los aparentes opuestos de otra manera. Consciencia y energía, quietud y movimiento, presencia y manifestación no son realidades separadas, sino expresiones de una misma totalidad. Desde esta mirada, dominación y sumisión pueden convertirse en un territorio de exploración del poder, la entrega, la confianza y la libertad.
No se trata de convertir el BDSM en algo espiritual a la fuerza, sino de preguntarnos desde dónde vivimos aquello que hacemos.
Śiva y Śakti: una danza de polaridades
En la tradición tántrica no dual, Śiva y Śakti simbolizan dos aspectos inseparables de la realidad. Śiva representa la Consciencia pura, el espacio que sostiene y conoce; Śakti es la energía dinámica de esa misma Consciencia, aquello que se mueve, siente, desea y transforma.
Esta imagen puede ofrecernos una forma sugerente de contemplar la dinámica D/s. Quien guía puede explorar cualidades asociadas a Śiva: presencia, estabilidad, dirección y capacidad de sostener. Quien se entrega puede explorar cualidades de Śakti: receptividad, sensibilidad, apertura y capacidad de dejarse atravesar por la experiencia.
Pero esta correspondencia no debe convertirse en un encasillamiento. Śiva y Śakti están presentes en cada ser humano. Todos podemos sostener y entregarnos, dirigir y recibir.
La polaridad puede convertirse así en una experiencia que exploramos, no en una identidad que nos limita.
Dominar no es ser superior
Ejercer conscientemente un rol dominante no significa estar por encima de la otra persona. Puede significar asumir la responsabilidad de sostener un espacio en el que la experiencia pueda desplegarse.
Dominar requiere presencia: escuchar, percibir, contener y reconocer lo que ocurre en el otro. También requiere distinguir entre la firmeza que nace de la claridad y la necesidad de controlar que nace del miedo o la inseguridad.
La pregunta puede dejar de ser:
«¿Qué puedo hacerle al otro?»
Y convertirse en:
«¿Qué espacio puedo sostener para que la experiencia pueda desplegarse plenamente?»
Entregarse no es ser inferior
Algo parecido ocurre con la sumisión. Entregarse no significa necesariamente ser débil, inferior o carecer de voluntad. Para algunas personas, lo desafiante puede ser permitir que otra persona guíe la experiencia, soltar temporalmente el control y confiar.
Pero para que exista una verdadera entrega tiene que existir libertad. Solo podemos entregarnos plenamente cuando podemos elegir no hacerlo. Solo podemos ceder el control cuando seguimos teniendo la capacidad de recuperarlo.
Aquí aparece svātantrya, la libertad inherente a la Consciencia. Podemos entregarnos sin perdernos, confiar sin abandonar nuestro discernimiento y habitar una posición de sumisión sin convertirla en nuestra identidad.
El poder como práctica de Consciencia
Cuando Dominación y sumisión se viven desde esta perspectiva, la escena puede convertirse en un espacio donde observar nuestra relación con el control, la confianza, la vulnerabilidad y el deseo.
¿Qué ocurre cuando cedemos el controlar? ¿Qué aparece cuando permitimos que otro nos guíe? ¿Qué sucede cuando tenemos la responsabilidad de sostener a otra persona?
Estas preguntas nos llevan al territorio de viveka, el discernimiento. Tal vez descubramos que nuestra necesidad de dominar está relacionada con el miedo a sentirnos vulnerables, o que nuestra dificultad para entregarnos tiene que ver con la necesidad de controlarlo todo.
No necesitamos decidir inmediatamente qué significa todo ello. A veces la consciencia comienza simplemente cuando podemos **ver lo que está ocurriendo sin huir de ello y habitar la verdad (satya). **
El encuentro como reconocimiento
El otro puede convertirse en un espejo que nos muestra cuánto nos cuesta confiar, cuánto necesitamos ser reconocidos o qué ocurre cuando aparece la vulnerabilidad.
Desde el Tantra, esta dimensión puede contemplarse como una expresión de pratyabhijñā, el reconocimiento. La Consciencia se encuentra consigo misma a través de ella misma en sus múltiples formas de manifestación.
El otro no es simplemente un objeto de nuestro deseo. Es también presencia.
Cuando dos personas pueden encontrarse desde esa presencia, la dinámica de poder adquiere una profundidad diferente. Ya no se trata solamente de «yo hago» y «tú recibes», sino de una danza en la que ambos participan, perciben y se encuentran.
Śiva sostiene. Śakti se despliega.
Śiva y Śakti se reconocen.

Más allá del rol
Ningún rol puede contener completamente lo que somos.
Podemos dominar y someternos. Podemos sostener y dejarnos sostener. Podemos ser firmes y vulnerables. Podemos dirigir y recibir. Los polos no tienen por qué excluirse.
Desde esta perspectiva, el BDSM no tiene por qué convertirse en una búsqueda de intensidad cada vez mayor. Puede ser una exploración de nuestra capacidad para permanecer presentes mientras la energía se mueve.
La cuestión no es cuánto poder tenemos ni cuánto control somos capaces de ceder, sino qué ocurre con nuestra Consciencia cuando entramos en contacto con el poder, la entrega, el deseo y la vulnerabilidad.
Una danza de Consciencia
Cuando Dominación y sumisión se viven desde la Consciencia, algo puede cambiar.
La dominación deja de necesitar superioridad y puede convertirse en presencia. La sumisión deja de significar inferioridad y puede convertirse en entrega consciente. El poder deja de ser posesión y puede convertirse en capacidad de sostener.
Quien guía y quien se entrega tampoco están completamente separados. Son dos expresiones de una misma danza.
Quizá por eso la pregunta no sea tanto si el BDSM puede ser tántrico, sino qué ocurre cuando llevamos la mirada tántrica a aquello que ya estamos viviendo.
Cuando podemos permanecer presentes en el deseo, escuchar el cuerpo, reconocer nuestras motivaciones, habitar nuestros límites y encontrarnos con el otro sin perdernos en él, la experiencia puede convertirse en mucho más que un juego de roles.
Puede convertirse en una oportunidad de reconocimiento.
En una práctica de presencia.
En una exploración de la libertad.
En una pequeña ventana hacia aquello que el Tantra ha señalado desde hace siglos:
la Consciencia jugando consigo misma a través de todas las formas de la experiencia.

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